Físicos de la Universidad de California Berkeley (EE.UU.) han grabado por primera vez con gran detalle el proceso de la colisión de un cometa contra el Sol, unas imágenes obtenidas desde los puntos de vista de dos naves gemelas colocadas de forma opuesta, que reflejan cómo el bólido acaba muriendo atrapado por nuestra estrella. En contra de lo que creían los investigadores, el cometa tardó mucho más de lo esperado en desvanecerse en las temperaturas infernales del Sol.
Durante seis minutos, el cometa aparece a unos pocos miles de kilómetros sobre la superficie de Sol, cuya corona -lo que vemos desde la Tierra cuando se produce un eclipse- puede alcanzar los dos millones de grados centígrados. Debido a que la cola del cometa es relativamente corta, unos 3 millones de kilómetros de longitud, los científicos creen que contenía elementos más pesados que no se evaporan rápidamente. Esto explicaría por qué penetra tan profundamente en la cromosfera (una capa de la atmósfera solar) y sobrevive al viento solar y a temperaturas extremas antes de evaporarse por completo.
Estos cometas que se acercan al Sol, compuestos de polvo, roca y hielo, rara vez pueden ser observados, ya que su brillo desaparece ante la potencia del disco solar. Al parecer, el cometa desapareció en la cromosfera, evaporándose a 100.000 grados Kelvin. Raftery y sus colegas concluyen que pertenece a la familia de los cometas Kreutz, un enjambre de rocas troyanas -probablemente resultantes de la desintegración de un cometa más grande- expulsadas de sus órbitas por Júpiter en 2004.
Durante seis minutos, el cometa aparece a unos pocos miles de kilómetros sobre la superficie de Sol, cuya corona -lo que vemos desde la Tierra cuando se produce un eclipse- puede alcanzar los dos millones de grados centígrados. Debido a que la cola del cometa es relativamente corta, unos 3 millones de kilómetros de longitud, los científicos creen que contenía elementos más pesados que no se evaporan rápidamente. Esto explicaría por qué penetra tan profundamente en la cromosfera (una capa de la atmósfera solar) y sobrevive al viento solar y a temperaturas extremas antes de evaporarse por completo.
Estos cometas que se acercan al Sol, compuestos de polvo, roca y hielo, rara vez pueden ser observados, ya que su brillo desaparece ante la potencia del disco solar. Al parecer, el cometa desapareció en la cromosfera, evaporándose a 100.000 grados Kelvin. Raftery y sus colegas concluyen que pertenece a la familia de los cometas Kreutz, un enjambre de rocas troyanas -probablemente resultantes de la desintegración de un cometa más grande- expulsadas de sus órbitas por Júpiter en 2004.
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